SANTO DOMINGO:-Las elecciones del pasado domingo han dejado el país dividido en dos mitades, prácticamente iguales. Los boletines de la Junta Central Electoral, con el 99.11% de las mesas escrutadas revelan que Danilo Medina obtuvo el 51,24% de los votos, frente a Hipólito Mejía que alcanzó el 46,93%.
Estas estadísticas indican claramente que la sociedad dominicana está seriamente fragmentada y carece de un liderazgo sólido para encarar los grandes retos y desafíos que le acechan en el futuro inmediato.
El presidente electo recibirá un país profundamente endeudado y en precaria capacidad para honrar el compromiso de pagar capital e intereses de esa deuda que tendrá que pagar a partir del próximo año.
Se recuerda que la deuda pública total del país, incluyendo la del Banco Central, representa 46% del PIB, un nivel peligroso para las finanzas públicas y la estabilidad macroeconómica.
Ese escenario se complica si tomamos en cuenta que los niveles de pobreza que afectan al pueblo dominicano alcanzan niveles preocupantes.
Sobre el particular el economista Arturo Martínez Moya del opositor Partido Revolucionario Dominicano ha dicho que: ”Para reducir la pobreza absoluta que supera los tres millones y la extrema que suma más de dos millones de dominicanos, a Leonel y a Danilo no les alcanzó los 6 aumentos de impuestos y 8 ajustes de tarifa eléctrica que hicieron desde el 2005.
En lugar de pensar en austeridad, la preocupación de ambos es reducir incentivos y exenciones fiscales que protegen el aparato productivo nacional y el consumo básico de las familias. Es decir, que el pueblo pague más impuestos.”
Si aceptamos las reflexiones de Martínez Moya, debemos convenir que el camino de los impuestos no resultaría aconsejable para las nuevas autoridades que tendrían que enfrentar niveles muy elevados de conflictividad social por las legítimas demandas de la sociedad.
Los analistas políticos adelantan su preocupación sobre unos resultados electorales que reflejan la profunda división de la sociedad dominicana y la falta de un liderazgo fuerte que pueda dirigirla por el camino de la unidad y la superación de los males que le afectan.