“Él
me había golpeado otras veces, pero ese día no reparó que yo estaba
dándole el seno a mi hijo más pequeño, y se mostró tan agresivo que yo
vi casi la muerte”, cuenta Dominga, quien asegura que anteriormente no
había tomado la decisión de denunciarlo porque no trabaja y él es quien
sustenta la casa.
Agrega que en esa ocasión “él me tiraba los
golpes a la cabeza con el puño, la cama se deslizó hacia adelante y yo
caí en el piso y el niño cayó sobre mí, gracias le doy a Dios. Yo me
paré un tanto agresiva con la intención de buscar algo para defenderme y
darle, pero él me lo impidió y me dio más golpes”.
Desde
entonces Dominga se refugió con sus hijos donde una hermana, pero el
agresor le ha estado ayudando económicamente con la manutención de los
niños y a través de llamadas telefónicas se ha mostrado arrependito, ha
prometido cambiar, ponerse en manos de un psicólogo y hasta ir
frecuentemente a la iglesia para no perder a su familia.
“Yo no
quiero volver con él porque no tengo garantías de que no lo va a volver a
hacer, porque no se ha sometido a tratamiento, pero le digo la verdad,
mi corazón no acepta que él esté preso”, dijo la víctima a casi un mes
del suceso. La solicitud de Dominga es que le envíen a su pareja a un
centro conductual para hombres violentos, donde un equipo de psicólogos
le dé una serie de charlas que le cambie la vida.
Sin embargo,
atribuye su arrepentimiento a la negligencia con que ha actuado el
sistema judicial, toda vez que su pareja tiene una orden de arresto y
aún no ha sido ejecutada.
Asegura que si su marido hubiera tenido la intención de matarla, ya lo hubiera hecho.
“Yo
lo que quiero es dejar la querella abierta, ver si se puede parar la
persecución contra mi marido, y llegar con él a un acuerdo que tenga
peso y que sea avalado por la justicia, para que cumpla con una serie de
requisitos”, dijo.
Según estadísticas suministradas por la
Fiscalía del Distrito Nacional, alrededor del 49% de las mujeres que
denuncia violencia de género desiste después que el caso está procesado.
Ante
esa realidad, la fiscal del Distrito Nacional, Yeni Berenice Aquino,
opta por mandar a buscar a la víctima para hablar con ella y ver por qué
abandona el proceso.
“Cuando van al tribunal las fiscales me las
traen a mí para que hablen conmigo primero para ver si las convenzo, a
veces lo logro, pero otras veces no hay forma, y lo peor es que desisten
negando los hechos”, indicó la magistrada.
Las razones por las
que víctimas de violencia de género dejan el caso son diversas:
psicológica, económica, dependencia económica del hombre, la familia y
los vecinos comienzan a decirles que está pasando trabajo porque quiere,
el agresor la llama desde la cárcel para convencerla, y el síndrome de
la mujer maltratada.
La política del Estado es darle seguimiento a
las denuncias por diferentes razones, pero muchos casos terminan en
feminicidios a pesar de ser procesados por la justicia.
En el
Distrito Nacional los casos de violencia de Género no sólo se atienden
en la Unidad de Atención a Víctimas de Violencia de Género,
Intrafamiliar y Delitos Sexuales, de la avenida Rómulo Betancourt, sino
en 11 fiscalías barriales ubicadas en diferentes sectores de la capital.
La
magistrada atribuye la reducción de las estadísticas de violencia de
género a la logística con que cuenta la jurisdicción para trabajar el
tema.
La capital cuenta con un centro de intervención conductual
para hombres, el de atención a víctimas, la línea de auxilio Vida,
además de que trabajan fines de semana y en horario corrido.
En
procura de disminuir los feminicidios, se tomó una serie de medidas,
como evitar que la mujer sea quien lleve la cita, si hay violencia
física el agresor no se cita, sino que se procede al arresto; cuando hay
armas de fuego se desarma el hombre y el envío de las víctimas a casas
de acogida.
Los sectores del Distrito Nacional de donde se
denuncian más agresiones son Los Guandules, Los Praditos, Capotillo,
Arroyo Hondo, Los Girasoles y Cristo Rey.
El Centro Conductual
para Hombres está ya dando apoyo a nivel internacional a otros países.
Las estadísticas dan cuenta de que ningún hombre que asiste a esta
unidad ha matado a su mujer, y sólo el 2% reincide en maltratar a sus
parejas.
