La precaria situación la sufre una ciudadanía que se agolpa en las gasolineras guardando filas kilométricas para repostar en las estaciones abiertas, mientras supermercados y comercios van, lentamente, extendiendo sus horarios acercándose a los habituales.
La situación en la capital, San Juan, aunque complicada, es mucho mejor que la que se sufre en las áreas más remotas del interior y montaña, donde, incluso una semana después, hay dificultades de comunicación física y el suministro de víveres y combustible es escaso.
Uno de los principales problemas reside en que la carga marítima que llega a Puerto Rico no puede llegar a los puntos de venta o distribución debido a que no hay camiones suficientes para sacar la mercancía de los muelles.
La falta de combustible repercute además gravemente en la movilidad de las personas y en el funcionamiento general del país, ya que el diesel es fundamental para hacer trabajar las plantas generadoras que mantienen la actividad de restaurantes, negocios, edificios e infraestructuras.