CIUDAD DEL VATICANO: - El papa Francisco
recibe este sábado a la prensa de todo el mundo en el comienzo de un
pontificado marcado por la ruptura con la tradición, un día después de
que el Vaticano rechazara las acusaciones sobre su papel durante la
dictadura militar argentina.
El pontífice argentino ha dado cita a los medios de comunicación a
las 10H00 GMT en la imponente sala Pablo VI, donde debería pronunciar un
discurso aunque, en principio, no responderá a preguntas, según el
portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.
Pero nadie puede prever exactamente lo que hará Francisco, que desde
que fue elegido el pasado miércoles no ha cesado de saltarse el
protocolo, rechazando discursos preparados o saliéndose del guión, sin
olvidar sus visitas intempestivas, como la que realizó a un hospital en
la tarde del viernes al hospital donde se recupera de un infarto el
cardenal argentino Jorge Mejía.
En sus mensajes, en los que utiliza un lenguaje claro, el primer papa
jesuita, que se caracteriza por su sencillez y su cercanía con la
gente, ha invitado a la jerarquía de la Iglesia a volver a la esencia
del del cristianismo, y a buscar "nuevos métodos" de evangelización para
llegar "a todos los confines del mundo".
Pero este inicio de pontificado se ha visto ensombrecido por
acusaciones de no haber hecho lo suficiente, cuando era jefe de los
jesuitas en su país, para proteger a dos sacerdotes secuestrados y
torturados por la dictadura argentina (1976-1983).
Ante las proporciones que adquirió la controversia en la prensa
internacional, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi publicó una
declaración formal, calificando de "calumniosas" estas acusaciones.
"La campaña es conocida, se refiere a hechos de hace mucho tiempo y
ha sido promovida por una publicación que en ocasiones es calumniosa y
difamatoria", afirmó Lombardi, refiriéndose al diario argentino Página
12, y en particular a una de sus principales plumas, Horacio Verbitsky,
autor de varios libros sobre el tema.
Uno de los secuestrados, el padre Jalics, un húngaro afincado en
Alemania, dijo este viernes en un comunicado que está "reconciliado" con
el pasado y que le desea la "bendición divina" al nuevo pontífice.
El propio Bergoglio siempre negó cualquier implicación en el caso y
abogó por su liberación ante el entonces jefe de la Junta Militar que
gobernaba Argentina, Jorge Videla.
Otra incógnita es la salud de este papa de 76 años que fue sometido a
una ablación parcial del pulmón derecho hace más de medio siglo.
Pero en un discurso el viernes entre los cardenales elogió la vejez
como una fuente de sabiduría, equiparándola al "buen vino que con los
años se vuelve mejor". Mientras tanto, el Vaticano ultima los
preparativos para la gran misa de entronización en la basílica de San
Pedro del próximo martes, día de San José.
Antes, el Papa rezará su primer Ángelus dominical desde la ventana de
su estudio en el palacio apostólico, que el viernes fue reabierto
después de haber permanecido sellado desde la renuncia de Benedicto XVI
el 28 de febrero.
En previsión de estos dos grandes acontecimientos, que según las
autoridades atraerán a Roma a un millón de peregrinos y curiosos de todo
el mundo, los vendedores ambulantes del Vaticano empezaron ya a vender
'souvenirs' con la efigie del nuevo líder de los 1.200 millones de
católicos del mundo.