Residentes
del lugar denunciaron que el ambiente educacional en Capotillo es
deprimente y triste, especialmente en la escuela Salomé Ureña, que hace
años vienen laborando con muchas deficiencias.
Un morador dijo “que para
muestra un botón”, lo que se comprueba al recorrer y observar el estado
crítico en que se encuentra el centro, debido a que la infraestructura
no está apta para desarrollar el proceso de enseñanza y aprendizaje.
El centro educativo no cuenta con butacas,
mesas, puertas, ventanas y ni baños que se puedan usar. Los pocos
archivos que hay en su mayoría están rotos; el poco techo en el centro
es de hojas de zinc, mientras otra parte no lo tiene, y cuando llueve es
más el agua que cae dentro que fuera.
Raymundo Ferreira, maestro
de la escuela, pidió a las autoridades del Ministerio de Educación
actuar a la mayor brevedad posible, tras alegar que podrían haber
protestas si no son escuchadas sus demandas.
Indicó que alrededor
de 500 estudiantes podrían quedar sin educación, y siete maestros no
cuentan con la comodidad necesaria para un trabajo digno,. “Queremos que
nos den respuesta a nuestras inquietudes”, añadió.
De su lado, el
dirigente comunitario, Abel Rojas, explicó que desde el pasado lunes la
comunidad se lanzó a las calles para reclamar que se resuelva el
sistema de educación en el sector.
Contó que hace años, la
comunidad en general y sus dirigentes demandan un “palacio escolar”,
para que la problemática sea paliada, ya que cada vez que piden la
construcción de escuelas en el lugar, inician la construcción de dos o
tres “casuchitas” que no dan abasto para corregir el problema de
educación.
